viernes, 6 de noviembre de 2026

San Antonio de Caparo, el pueblo que le dio nombre al territorio

El regreso a la raíz: Debe el municipio Libertador del estado Táchira recobrar su identidad Por: Bernardo Zinguer En el sur del Táchira, donde el piedemonte se funde con los llanos, hay una historia que pide ser nombrada como corresponde. No se trata de un capricho de historiadores ni de una maniobra política, sino de una deuda con la tierra. Los nombres de los pueblos son su fe de bautismo, y el nuestro nació mucho antes de cualquier decreto moderno, al abrigo del río Caparo. Hacia 1750, los misioneros dominicos fundaron un pueblo de misión llamado San Antonio de Caparo. El nombre unía la tradición hispánica con la memoria indígena de los Caparo, reflejando la mezcla cultural que dio origen a nuestra gente.
En 1816 se formalizó la fundación civil, quedando su territorio claramente delimitado de la siguiente manera: partiendo de la confluencia de los ríos Carapo y Aliles o Navay; siguiendo este último aguas arriba hasta su nacimiento en la cuchilla de Navay, que derrama aguas hacia San Buena o San Agatón; continuando por dicha cuchilla hacia la derechura hasta el camino nacional en el Portachuelo de Higuerón, límite con el municipio Cárdenas; de allí, por el mismo camino hasta el río Camburito, y luego por este hasta el río Caparo, límite con el municipio Pregonero, para regresar finalmente hasta la desembocadura del río Aliles, punto de partida y límite con el estado Barinas. Se trataba, por tanto, de una amplia extensión territorial, con varios sitios y aldeas que durante todo el siglo XIX figuraron en censos y documentos oficiales. Aunque su población fue afectada por epidemias que la hicieron inestable en algunos períodos, el territorio nunca quedó despoblado. Primero dependió de La Grita y, posteriormente, de Uribante o Pregonero. Para el pueblo de San Antonio de Caparo, el cambio comenzó en 1922, cuando el trazado de la Gran Carretera Occidental no pasó por allí, como inicialmente se había previsto. Poco a poco, los habitantes se fueron asentando en un nuevo punto cercano al campamento vial que sería conocido como Abejales, el cual ganó fuerza económica y administrativa. Para la década de 1940 ya era evidente que Abejales sería la nueva capital, y así se asumió sin mayores conflictos. Pero una cosa es cambiar la capital y otra muy distinta borrar el nombre del municipio. Hasta 1972, los documentos oficiales eran claros: Municipio San Antonio de Caparo, capital Abejales. Existía un equilibrio natural entre la historia del territorio y su realidad administrativa. Conviene aclarar que, para entonces, la figura de municipio era equivalente a lo que hoy conocemos como una parroquia. En ese contexto, el Municipio San Antonio de Caparo dependía del Distrito Uribante. El distrito, por su parte, era la entidad administrativa que corresponde a lo que actualmente conocemos como municipio. Sin embargo, al elevarse el municipio San Antonio de Caparo a distrito autónomo, y por sugerencia de una persona en particular, se adoptó el nombre genérico de “Libertador”, rompiendo así el hilo histórico que nos había unido durante casi tres siglos a San Antonio de Caparo y a su memoria territorial. No se trata de una falta de respeto a Simón Bolívar, quien ha sido honrado ampliamente en la geografía nacional y da nombre, directa o indirectamente, a numerosos municipios y entidades territoriales bajo denominaciones como Bolívar o Libertador. De lo que se trata es de reconocer que San Antonio de Caparo constituye nuestra verdadera huella en el mapa, el nombre que expresa con fidelidad nuestra historia y nuestro origen. Abejales es y seguirá siendo la capital, asunto que nadie discute; lo que corresponde es corregir un error histórico, permitiendo que el municipio recupere el nombre con el que nació y, con él, su identidad de origen, en un acto de justicia histórica que honre la toponimia original y una tradición de casi tres siglos, y que fortalezca el sentido de pertenencia para que las nuevas generaciones comprendan que sus raíces no comenzaron en los años setenta, sino mucho antes, a orillas del río Caparo. El municipio debe mirar al futuro con firmeza, recobrando su denominación toponímica de su origen. San Antonio de Caparo es nuestra identidad. Imagen: Considerando emitido por las autoridades locales y publicado en el diario regional Vanguardia el 29 de octubre de 1972, donde se consigna de manera explícita la denominación oficial vigente hasta ese año del territorio que hoy se conoce como municipio Libertador.

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