viernes, 6 de noviembre de 2026

La plaza ovoide de Abejales y su samán, memoria de la escuela y de su primera maestra

Por: Bernardo Zinguer
El 1 de octubre de 1956, al cumplirse diez años de fundada la escuela de Abejales, aquella modesta institución conocida como Escuela Unitaria Mixta N° 08 fue elevada a la categoría de Escuela Graduada, adoptando el epónimo Francisco de Borja y Mora. Este cambio respondía al crecimiento sostenido del pueblo, a la llegada de nuevas familias y al aumento de la matrícula escolar. Gracias a la gestión de la profesora Isabel Torres de Suárez, Directora de Educación y Cultura del Estado, se implementó el sistema de un maestro por cada grado, ajustándose a las nuevas necesidades educativas de la comunidad. La primera maestra de Abejales, Maximina de Carrero, quiso conmemorar con un símbolo vivo aquel momento. Con sus propias manos trajo un samán desde la Granja Nacional, y, en medio de la alegría de sus alumnos, lo sembró en la pequeña plazuela del pueblo. Como una señal de arraigo, de crecimiento y de futuro. Con el paso de los años, aquella plazuela siguió siendo un espacio sencillo. No tenía forma definida ni trazado formal. Era, como decían los viejos, un terreno al que los mismos vecinos le habían ido dando vida, sembrando árboles para buscar sombra y sentarse a conversar, echar cuento y pasar la tarde. Así era el corazón del pueblo. Para 1963, lo único que le daba carácter institucional al lugar era el busto de Simón Bolívar, donado ese año por Carlos Andrés Pérez cuando ejercía como Ministro de Relaciones Interiores en el gobierno de Rómulo Betancourt, a solicitud de Emeterio Ochoa, entonces presidente de la Junta Comunal. Pero en 1966, la Junta Comunal decidió “poner orden”. Se planteó convertir aquel espacio en una plaza formal, con diseño cuadriculado, al estilo de otras plazas Bolívar del país. Para lograrlo, comenzaron a talar los árboles de los extremos que los vecinos habían sembrado durante años. En medio de esa intervención, se cometió el error más grande: se taló el samán. Aquel no era un árbol cualquiera. Era el samán sembrado por la maestra Maximina una década atrás, el mismo que creció junto al pueblo, dando sombra, reuniendo gente y marcando la vida diaria de Abejales. Forasteros y propios lo señalaban como uno de los más hermosos de la región. La reacción no se hizo esperar. El 5 de noviembre de 1966, el Diario Católico publicó un artículo del respetado vecino Olinto Ramón Chacón titulado Abejales sin Samán. Allí, con palabras claras y sin adorno, denunció lo ocurrido. No solo cuestionó la decisión, también dejó constancia de lo que ese árbol representaba para la gente del pueblo, para los niños, para la memoria colectiva. Pero la historia no terminó ahí. Afortunadamente, el samán no fue arrancado de raíz. Aunque fue talado, quedó el tocón vivo, y con el tiempo volvió a brotar, como esos árboles tercos que no se dejan morir tan fácil. La denuncia oportuna surtió efecto, y las autoridades se vieron obligadas a replantear el diseño de la plaza, incorporando los árboles existentes, entre ellos otro samán ubicado en el extremo opuesto. Por eso, la plaza Bolívar de Abejales no es cuadrada como tantas otras. Tiene esa forma ovoide, medio rara pero bien propia, que no nació de un plano sino de una corrección obligada, de un error que el mismo pueblo ayudó a enderezar. Ahí está todavía la huella de lo ocurrido, para el que quiera entenderla. Y díganme ustedes, paisanos: ¿Han visto otra plaza Bolívar con forma ovoide? ¿Sabían la historia detrás del samán de la plaza? Fuentes consultadas: Diario Católico, 5 de noviembre de 1966. Diario Vanguardia, 23 de junio de 1963. Digitalización de archivo: Doménico Andrade, José Antonio Pulido

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

El doctor Alirio Pérez Lo Presti y Abejales

Por: Bernardo Zinguer Abejales, una localidad ubicada en el punto de transición entre la inmensidad del llano y la aparición tímida de la...