sábado, 31 de octubre de 2026

La prefecto de Abejales, Ofelia Roa Altuve. Crónica de una autoridad civil silenciada

Abejales, 14 de febrero de 1981 Por: Bernardo Zinguer Ofelia Roa Altuve nació en 1952, en Pregonero, dentro de un hogar trabajador formado por Felipe Roa Chacón y Flor de María Altuve Pernía. Desde temprana edad fue una muchacha tranquila, aplicada en los estudios y siempre dispuesta a ayudar. Soñaba con un futuro sencillo, ser secretaria o maestra, ganarse la vida con dignidad. Cuando aún era joven, su familia se trasladó a Abejales, un pueblo del piedemonte andino que en aquellos años comenzaba a perfilarse como un nuevo centro de desarrollo regional, impulsado por las expectativas generadas en torno a la represa Uribante–Caparo. Allí, con apenas 18 años, en 1970, Ofelia ingresó a trabajar como empleada en la Prefectura del municipio San Antonio de Caparo. Era el inicio de una vida dedicada al servicio público. En ese contexto conoció a Rufino Morales, funcionario policial, natural de El Cobre, seis años mayor que ella. El noviazgo pronto mostró señales preocupantes. Rufino tenía un carácter violento, celoso y posesivo. En una discusión llegó incluso a intentar quitarse la vida con su arma de reglamento. A pesar de esas conductas, Ofelia cedió a la presión emocional. En diciembre de 1970 contrajeron matrimonio. La pareja tuvo tres hijos. El primero nació en 1973. En 1975 llegó Belkis, quien falleció a los pocos meses a causa de una gastroenteritis, mientras la familia se encontraba en El Cobre. En 1978 nació otra niña. La muerte de Belkis marcó profundamente a Ofelia y la convirtió en una madre extremadamente cuidadosa, siempre pendiente de la seguridad de sus hijos. En el trabajo, Ofelia siguió creciendo. Su eficiencia, trato respetuoso y sentido de responsabilidad la hicieron ganar el aprecio de la comunidad. En julio de 1976 fue designada secretaria titular de la Prefectura. En agosto de 1978 asumió en varios períodos como secretaria encargada del despacho. En enero de 1980 ocurrió un hecho inédito para la historia local. Ofelia Roa Altuve fue nombrada prefecto titular del municipio San Antonio de Caparo, convirtiéndose en la primera mujer en ejercer la máxima autoridad civil de la jurisdicción. El cargo implicaba, además de los actos administrativos relacionados con los registros civiles, portar arma reglamentaria, ordenar detenciones breves por faltas menores y actuar como juez de paz. Ese logro, lejos de fortalecer su vida familiar, profundizó el conflicto con su esposo. Rufino no soportaba que su esposa fuera su superior jerárquica, pues los cuerpos policiales debían prestar apoyo y obediencia al prefecto. A sus inseguridades se sumaron celos constantes y episodios de violencia física y psicológica. Muchos en el pueblo no comprendían cómo una mujer, siendo la primera autoridad municipal, podía tolerar el maltrato dentro de su propio hogar. A comienzos de febrero de 1981 la situación se tornó insostenible. Por temor, Ofelia decidió refugiarse con sus hijos en la casa de su padre. Sin embargo, la mañana del sábado 14 de febrero, día del amor y la amistad, regresó a su vivienda, ubicada a pocos metros, en la carrera cuatro con calle siete, con la intención de hablar definitivamente con Rufino sobre una separación. Era el día que celebra el afecto, y terminó siendo el último de su vida. Al poco tiempo se escuchó un disparo. Los familiares acudieron de inmediato y encontraron a Ofelia tendida en el piso, cerca de la puerta que da a la calle, con su bolso aún en el brazo. Fue trasladada de urgencia a la medicatura de Abejales y luego remitida al Hospital Central. Falleció alrededor de las nueve de la mañana, dentro de la ambulancia, a causa de un disparo en la cabeza, con entrada por la región parietal derecha. Rufino Morales, de 37 años, salió de la vivienda y, al notar que era seguido por un hermano de Ofelia, optó por entregarse a la policía, ante el temor de ser linchado por la comunidad. Desde el inicio sostuvo que se trataba de un suicidio. Esa versión fue desmentida por la familia y por los propios hechos. José Daniel Roa Altuve, hermano de la víctima, declaró que el arma no apareció cerca del cuerpo, que Ofelia se encontraba en actitud de salir de la casa y que existían amenazas previas de muerte. Recordó además antecedentes de violencia y un intento de suicidio protagonizado por Rufino cuando aún eran novios. Subrayó que su hermana tenía un buen trabajo para la época y dos hijos pequeños que eran su mayor razón de vida. El entierro de Ofelia Roa Altuve fue multitudinario. Como funcionaria pública había ayudado a muchas personas, sin distinción. Su muerte sacudió a Abejales, no solo por su juventud, sino por el futuro que le fue arrebatado y por dejar dos hijos pequeños en la orfandad. Cuarenta y cinco años después, un 14 de febrero recordamos su nombre. Mientras se reparten flores y mensajes de amor, Abejales carga todavía con la memoria de una mujer que murió intentando poner fin a la violencia. Recordarla en esta fecha es una forma de decir, con claridad, que el amor verdadero no humilla, no somete y no mata.
Fuentes – Entrevistas. – Diario La Nación, San Cristóbal, domingo 15 de febrero de 1981. Digitalización Doménico Andrade. – Acta de defunción de Ofelia Roa Altuve, Registro Civil correspondiente. – Fotografía del archivo familiar, cortesía de Alexandra Vivas

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