sábado, 31 de octubre de 2026

Cuando la UNET transformó a San Antonio de Caparo

Por: Bernardo Zinguer
San Antonio de Caparo es uno de los asentamientos más antiguos de la zona sur del Táchira. Nació como pueblo de misión indígena hacia 1750, aunque su fundación formal no se concretó sino hasta 1816. Es el único pueblo de misión de los llamados “del río abajo” de la antigua Villa de San Cristóbal que ha logrado sobrevivir hasta hoy. Aun así, durante la mayor parte de su historia no pasó de ser una pequeña aldea, cabecera del antiguo municipio del mismo nombre, dependiente de Pregonero hasta 1973, y punto de parada de las puntas de ganado antes de internarse en la selva de San Camilo. San Antonio conoció largos períodos de decadencia. Epidemias como el paludismo o malaria, la fiebre amarilla que ocasionaba el vómito negro, la fiebre recurrente y la disentería diezmaron su población. A ello se sumaron los estragos de la Guerra Federal y, ya entrado el siglo XX, los disturbios de los primeros años de la década de 1920, durante los cuales fue destruido su telégrafo. En más de una ocasión, el caserío estuvo al borde de desaparecer. Sin embargo, su tierra fértil, la abundancia de animales de caza y pesca siguieron atrayendo a agricultores y ganaderos chacaros que veían en aquellas tierras una oportunidad. Entre 1916 y 1917, con el trazado inicial de la Gran Carretera Occidental, el gran proyecto vial impulsado durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, San Antonio pareció tener una nueva oportunidad. El trazado original contemplaba el paso de la carretera por el poblado, lo que habría significado su despegue definitivo. No obstante, las condiciones del terreno, marcado por suelos bajos e inundaciones frecuentes en invierno, obligaron a modificar el recorrido hacia el pie de monte de la cordillera. A inicio de la década de 1930, buena parte de la población se trasladó hacia los nuevos asentamientos de Abejales y Punta de Piedra. En consecuencia, el Concejo del Distrito Uribante llegó a informar a la Asamblea Legislativa que San Antonio estaba desapareciendo y propuso incluso su anexión al municipio Cárdenas. El municipio no desapareció formalmente, pero la dinámica poblacional convirtió a Abejales en el nuevo polo de desarrollo y capital efectiva, vinculada directamente a la carretera. Aunque la apertura de la carretera del Llano en 1963 y las nuevas vías construidas a comienzos de los años setenta para integrar el eje Uribante–Caparo mejoraron la comunicación regional, San Antonio de Caparo continuó prácticamente despoblado. En 1974, una nota del Diario Católico describió el lugar como “un pueblo que fue y ya no es” y como “un triste cementerio de recuerdos”. El reportaje señalaba que muchas de sus casas habían sido adquiridas por un particular, a precios irrisorios, para ser demolidas y destinar los terrenos a la actividad pecuaria. La antigua capital municipal, que había servido como puerto ganadero, se encontraba en ruinas. El punto de inflexión llegó a comienzos de la década de 1980. En ese contexto, la Universidad Nacional Experimental del Táchira, en convenio con la Gobernación del estado, asumió un rol protagónico en el desarrollo agropecuario del sur tachirense. Se trató de asistencia técnica directa, investigación aplicada y acompañamiento sostenido a los productores. Así lo explicaba el doctor Ricardo Contreras, coordinador del Programa de Asistencia Técnica e Investigación, en una nota publicada en La Nación en 1980 "La universidad, por primera vez, sale de sus aulas para orientar de manera directa a los productores" del entonces Distrito Libertador, hoy municipio Libertador -y algún día recobrará su identidad como municipio San Antonio de Caparo-. El programa se dirigió inicialmente a productores de carne y leche, con la meta de atender unas cien fincas por un año. La asistencia se concentró en problemas concretos: mecanización de pastos, sanidad animal, control de enfermedades, selección de rebaños, manejo alimenticio, reproducción y capacitación de productores y trabajadores rurales. La metodología fue clara desde el inicio: diagnóstico en campo e investigación aplicada. Sin improvisaciones. El programa contó con personal financiado por la Gobernación, docentes de la universidad y apoyo de estudiantes de Agronomía y Zootecnia, además de técnicos medios. Se advirtió desde un principio que los resultados serían de mediano y largo plazo. En paralelo, la universidad impulsó una de las experiencias más significativas de diversificación productiva en el Táchira: la piscicultura de aguas cálidas. Como ha señalado la ingeniera Merly Ostos, en 1982 se inició en San Antonio de Caparo el Programa Piscícola de Aguas Cálidas, con varias hectáreas destinadas a laboratorios y lagunas de cría. En 1983 se formalizó la estación experimental de piscicultura, aprovechando las condiciones agroecológicas favorables del sur del estado. A partir de ese momento, la piscicultura dejó de ser una actividad marginal. La universidad llegó a producir alevines para cerca del 60 % de los productores del suroeste venezolano, convirtiéndose en el eje técnico del crecimiento del sector. En 1988 se contabilizaban apenas 16 productores piscícolas en el Táchira. Con el paso de los años, la cifra aumentó hasta alcanzar 83 pequeños y medianos productores, más de la mitad concentrados en los municipios Libertador y Fernández Feo. El punto más alto se alcanzó en 2001, cuando San Antonio de Caparo se convirtió en el caserío de mayor producción de cachama del país, con una cifra cercana a las 100 toneladas anuales. Durante ese período, la zona fue referencia nacional y prueba concreta de que la articulación entre universidad y productores podía traducirse en resultados medibles. El acompañamiento no se limitó a la producción. En marzo de 2000, a solicitud de los propios piscicultores, la Unidad Socioeconómica del Decanato de Extensión inició un trabajo directo con las familias productoras, experiencia que se extendió progresivamente a todo el municipio. A través de diagnósticos participativos se identificaron de manera conjunta los principales problemas y prioridades, con participación activa del productor y su entorno familiar. El objetivo fue fortalecer las capacidades locales y promover un desarrollo socioeconómico sostenible. Hasta el año 2017, San Antonio de Caparo se mantuvo como la principal zona productora de cachama del estado Táchira. Sin embargo, la crisis estructural del país, el progresivo desfinanciamiento de las universidades públicas y las crecientes dificultades de los productores para acceder a insumos básicos afectaron la continuidad de este modelo. Aun así, el legado permanece. La piscicultura del sur del Táchira no puede entenderse sin la intervención de la UNET, que sentó las bases técnicas, productivas y organizativas sobre las que se sostuvo el crecimiento del sector durante décadas. A partir de los proyectos impulsados por la UNET, San Antonio de Caparo inició un proceso de recuperación. Hoy cuenta con una comunidad nuevamente estable, un sector turístico en crecimiento, una escuela fortalecida y una capilla en funcionamiento. San Antonio de Caparo tiene historia. Abejales surgió de allí. Por ello, que el municipio recupere el nombre de San Antonio de Caparo, vigente hasta 1973, no es un gesto simbólico, sino un acto de memoria y de justicia histórica. Imagen referencial: sitio web institucional de la UNET

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