sábado, 31 de octubre de 2026

La Traición hecha arte, el trágico ocaso del ARTISTA GRITENSE Miguel Escalante

POR: BERNARDO ZINGUER En la Atenas del Táchira, La Grita, nació el 9 de enero de 1839 Miguel Esteban de Jesús Escalante Guerra, el penúltimo de siete hermanos en una familia de reconocidos artistas, cuya creatividad y maestría eran una herencia de su progenitor Don Francisco Escalante, hábil escultor y pintor. Las obras de los Escalantes se extendieron por los pueblos de la Cordillera Andina venezolana y en el Sureste de Colombia, adquiriendo cierta fama en las áreas de influencia. Fueron las herramientas del artista los juguetes con que Miguel tallaría su instrucción y desde la tierna edad reveló estar dotado de un talento excepcional que abarcaba la pintura, la escultura, la talla, la arquitectura y la música, por lo que estaba destinado a ser una luminaria en las altas esferas del arte. Entre las obras de su autoría se destaca un peculiar altar de estalactita en La Meseta de La Grita llamado el Santuario de Lourdes, y cuya imagen quedó inmortalizada con una fotografía del año 1919 perteneciente al archivo familiar de nuestro apreciado amigo y colega, abogado Wilmer Antonio Rey Lozada. Otra obra de la que tenemos testimonio gráfico es el antiguo altar mayor de la Iglesia de San Pedro de Seboruco, además de sus puertas de estilo renacentista según lo informado por el español Fernando Benet en su Guía General de Venezuela publicada en el año 1929. Su destreza artística también lo hace autor de la primera réplica tachirense del Santo Cristo de La Grita, una talla encargada por el Padre José Amando Pérez de Michelena para la capilla en honor al Santo Cristo en la planicie de la Aldea Platanales en Triviños. Capilla que unas décadas despues fue reconstruida y rebautizada como el Santo Cristo del Tabor por Fray Francisco Lorenzo María Rojas de Molina, según atestigua Monseñor Luis Santander en su historia eclesiástica del Táchira. A pesar de haber fijado su residencia en la población de Michelena, en 1864, con 25 años, Miguel abandonó el pueblo y se aventuró hacia Bogotá, la Atenas suramericana, como la apodaría Miguel Cané, seducido por las nuevas oportunidades y el ambiente artístico y cultural que la capital reinosa le ofrecía. Pronto, un acaudalado de la ciudad Santafesina, al conocer el trabajo de los Escalantes, lo llamó para embellecer las galerías del claustro principal de su mansión. Pero lo que parecía ser una comisión artística que le abriría las puertas de los círculos sociales y artísticos de la metrópoli pronto se tornó en un oscuro drama. La obra se extendió el suficiente tiempo como para que Miguel notara los amores clandestinos de la esposa del acaudalado con uno de los empleados de la casa. Miguel, como suelen hacer los artistas, en lugar de confrontar directamente a los amantes, decidió plasmar la verdad en sus pinturas decorativas, tejiendo una red de suspenso alrededor de cada pincelada. El bogotano, ajeno a la traición que lo rodeaba, esperaba ansiosamente la revelación artística de Miguel. Cuando finalmente se desveló la obra terminada, el cuadro dejó a todos boquiabiertos. Los episodios llenos de verdad y expresión eran como un espejo de la realidad que nadie esperaba. El acaudalado, quedó atónito al descubrir la perfidia plasmada en el lienzo. En un instante la ira lo segó hasta la locura y en este arrebato pensó que era el propio artista el autor de la traición, por lo que desenvainando el puñal que llevaba al cinto, como era la costumbre en aquella época, se lanzó sobre Miguel atravesándole el corazón. Así, el arte de Miguel, que pretendía ser su legado, se convirtió en el catalizador de su propia tragedia. Así terminaron los días del joven artista multifacético, y su promisoria carrera quedó sepultada en el suspenso de una felonía plasmada. Miguel Esteban de Jesús Escalante Guerra, el hijo brillante de la familia Escalante, encontró su final en la vorágine de pasiones y secretos desenterrados por sus propios pinceles. Relato creado a partir de una reseña de Emilio Constantino Guerrero, en El Táchira, Físico, Político Ilustrado (1905)

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