Por: Bernardo Zinguer
Cronista de la Comunidad Judía del Táchira

Como efecto de La “gran guerra” La fisionomía del mundo cambia, imperios se desintegran y dan paso a nuevas naciones, la economía mundial se contrae por varias décadas, en toda Europa hay países endeudados, hiperinflación, desempleo, hambrunas, huérfanos y viudas por doquier, sin dejar de lado los chivos expiatorios por excelencia en estas crisis -los judíos-. Lo que es peor, muchos vislumbran la sombra de una posible segunda guerra mundial.
En ese contexto, llega información de coterráneos que están haciendo fortuna en el nuevo mundo, todos los jóvenes judíos europeos querían sólo una cosa, “hacer América”. Con todo lo anterior, para 1926[1] el número de judíos en Venezuela no llega a mil almas, empero a partir de esta fecha y en las dos décadas siguientes llega una cantidad importante que cimentará las bases de la comunidad judía venezolana.
“Los Turcos” fue el sobrenombre genérico dado a todos los judíos e incluso árabes cuando llegaron a Latinoamérica, en atención quizás, a los judíos sefarditas que escapaban del imperio Otomano de Turquía después de la revolución de 1908 y los conflictos sucesivos que los obligaron a emigrar en gran cantidad.
En el Táchira, a cuenta gotas y a mediados de los años 20´ después de interminables días sobre barcos, trenes y a lomo de mula llegan a San Cristóbal los primeros judíos que integraran la comunidad, ven en esta tierra de gracia la esperanza para su futuro, quieren dejar atrás las persecuciones, en países que aun cuando lleven varias generaciones viviendo, son considerados ciudadanos de segunda.
Como toda migración forzada por las circunstancias aquí llegaron los más jóvenes, los más fuertes, los que tienen más oportunidad, atrás se quedan las amorosas manos de las madres que amasaron el pan diario y la protectora mano del padre que les bendijo cada viernes al caer la noche, al despedirse prometen volverse a ver y abrazar, pero en el fondo saben que ese sería su ultimo abrazo, su último beso.
Estos jóvenes están decididos a surgir, no tienen nada que perder, pues nada tienen, y todo su esfuerzo se traducirá en progreso. En San Cristóbal se encuentran con una población que empieza a dejar de ser rural, que los mira con extrañeza y desconfianza.
Algunas pocas familias son de origen sefardí y hablan un judeo español conocido como ladino, estos entienden muy bien el idioma y en sus jornadas de venta a cuotas en los páramos andinos encuentran muchas semejanzas con los giros idiomáticos, arcaísmos y refranes de los campesinos tachirenses, curiosamente observan en la gente de la montaña muchos rasgos y tradiciones que dejan ver su lejana conexión heredada de los judíos españoles y portugueses forzados a convertirse al cristianismo y que recibieron el remoquete de marranos o gochos.
Diferente es la situación de los judíos de origen askenazí, judíos de Europa Central y Oriental que hablaban en idish (judeo alemán), lo que les agregó dificultad a su adaptación.
La realidad confronta las expectativas, al poco de haber llegado se dan cuenta que los brazos abiertos conque el país recibiría al migrante y el rápido progreso material no era tal cosa. El tachirense Augusto Murillo Chacón en su obra, Ecos del recuerdo, la vida tachirense a comienzos del siglo XX. Tiene un subtítulo muy esclarecedor en ese sentido, “Repudio a los hebreos”: Murillo relata que a finales del siglo XIX:
“el comercio [en el Táchira] estaba en manos de extranjeros, generalmente alemanes, italianos y árabes. Los primeros fueron los que dejaron más honda huella […] pues más liberales que los demás mucho que les debe el Táchira […]. Cosa muy singular y digna de apuntarse fueron los hebreos, jamás pudieron encontrar ambiente en esta tierra esencialmente cristiana, [cuando la gente sabía que] los vendedores ambulantes eran judíos, nadie les compraba; alguno que otro logró establecerse, pero se regaba la especie de que eran judíos y a esa tienda nadie entraba: estaban condenados al fracaso el antisemitismo era auténtico, sin que nadie dijera cual era la razón de esa fobia…”
La razón del antisemitismo o judeofobia es clara, como colonia española que fuimos esta herencia del pasado inquisidor permeó la idiosincrasia del tachirense, La iglesia desde la época precolonial persiguió a los judíos con el mito del deicidio y la limpieza de sangre, los hombres limpios y sin manchas eran los cristianos viejos, mientras que los moros, marranos, judíos y otros herejes estaban manchados y merecían “dependiendo de su perfidia” desde extrañarlos hasta morir en la hoguera.
En archivos de La Grita se puede leer abundantes registros sobre limpieza de sangre donde se testificaba la calidad de un ciudadano bien sea para optar a un puesto público o para asegurar a la familia del contrayente su “pureza”.
«... de los cuales sabe son y fueron habidos y tenidos de legítimo matrimonio por no haber oído cosa en contrario y por cristianos viejos limpios de toda mala raza y mezcla de judío, moro o nuevamente convertido, sin nuevas de que ninguno de ellos ni sus ascendientes fuesen penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición».
Para profundizar en el asunto, vale recordar que por cientos de años en la liturgia de “los viernes santos” se entonó una oración muy particular, oremus pro perfidis Judaeis, donde se hacía referencia a la perfidia judaica[2], en esta época de semana mayor, la judeofobia llegaba a su máxima expresión cuando desde la iglesia se destacaba el deicidio cometido por los judíos[3] y de manera subrepticia se dibujaba a un Jesús romanizado en lugar de uno que nació, vivió y murió como judío bajo el yugo del imperio romano de la época.
Sumado a esto, está la supuesta superioridad racial germana, y el antisemitismo acrecentado luego del tratado de Versalles, tal y como se puede percibir en las memorias de Heinrich (Enrique) Rode[4] uno de los pioneros alemanes en El Táchira, cuando recuerda el caos de la política alemana en la época cercana a la primera guerra mundial.
“la representación popular terminó en manos de los católicos romanos, de profesores universitarios de poco mundo, y también de socialistas, y de editores judíos con respaldo de sus propios capitalistas, así como de otros elementos anti alemanes similares…”
En otra parte opina sobre el administrador de una de las granjas de la compañía de nombre José Antonio Torres “quien si bien es algo obscuro de color, por lo demás era excelente persona…”
En este mismo sentido se expresa Wilhem Georgi[5], un joven alemán empleado de la Breüer, Muller & Co. Que les escribía a sus padres en 1926:
“También vienen muchos judíos de Polonia y galicianos que han encontrado el camino hacia acá y por aquí no gozan de mucha simpatía. Ellos hablan todos los idiomas del mundo, pero todos a media, así que hay que atenderlos en todos los idiomas, y en ninguno la cosa resulta muy bien…”
Mención aparte merece la prensa, que definitivamente contribuyó a este ambiente de auténtico antisemitismo, Confirma lo anterior innumerables artículos de la época en los principales diarios de la ciudad capital, por solo tomar unos pocos ejemplo, en El Diario Católico edición del 02 de junio de 1930 aparece un artículo intitulado “Los judíos y las modas” donde afirman que “se sabe que las modas inmorales han sido lanzadas por casas judías con el fin de hacer dinero y descristianizar a la mujer…”
En otro ejemplo, el 4 de junio de 1933 se ensalza el método original que los nazis están aplicando para reducir el desempleo, “el cual consiste en estimular el matrimonio de las mujeres empleadas […] y que cambien el empleo por un marido” por medio de incentivos económicos se dediquen a las tareas del hogar y dejar estas vacantes a los hombres. El 05 de octubre de 1933 destacan entre las causas de la “crisis actual” al judaísmo económico.
Seguidamente el 14 de diciembre de 1933, el Diario Católico en primera plana titula “Plan y medios de acción de los judíos” que ocupa además de toda la portada parte de la segunda página, y entre otras cosas, esgrime ideas que explica-según ellos- cuáles son los medios utilizados por los judíos para lograr su plan de dominación mundial para acabar con el cristianismo a través del “el capitalismo, la prensa, el dinero y la propaganda de ideas”.
Culminando con este importante diario regional, el decano de la prensa tachirense, usaremos otro ejemplo de los muchos que hay, el 26 de diciembre de ese mismo año se refiere a “La Actuación del judaísmo en las revoluciones modernas”, los hebreos procuran “…la guerra a Jesucristo, características del Judaísmo de todos los tiempos, a la Iglesia Católica, a las instituciones cristianas del matrimonio, de la educación, de la educación de la niñez y de la juventud[…] la parte que le cabe al judaísmo en este movimiento, bien sea de una manera patente, bien sea de una manera invisible, la sabemos, sin valernos de otros argumentos, que por los hechos y por los testimonios de los judíos mismos…” (Subrayado nuestro).
Tal vez era previsible para la época, que un diario de carácter religioso, conservador y dogmático expresara estas ideas, no obstante los más progresistas no se quedaban atrás en cuanto argumento judeofobos. En El Centinela se pueden leer frecuentemente artículos tan funestos como el que habla sobre “El Problema Judío” tema que mereció ser tocado en varias ediciones, allí se expresa que se debe:
“…evitar el peligro que implica para nuestras incipientes nacionalidades la inmigración judía […] es bien conocido en el mundo entero la solapada doctrina que persiguen los felpados por el látigo del Sublime Galileo en los atrios del Gran Templo de Sion. No se conoce acaso las artimañas agiotistas de esta casta en todos los sectores de vida de las naciones donde se les ha dado entrada? […] confiamos en que nuestro gobierno no dejará entrar a los emigrantes judíos al territorio venezolano bajo ningún condición” [6]
El mismo diario presenta como problemática la presencia de médicos judíos “que en algunos casos no se puede determinar su nacionalidad después de haber sido excluidos de las naciones que ellos consideraban su patria, exige que se apliquen estrictamente las leyes y que “a pesar que muchos de ellos son notables en sus ramos y aun profesores de afamadas universidades, no hay razón para que [los médicos] del país sean desplazados de los puestos de trabajo adquiridos en las poblaciones venezolanas, aunque parece que eso es lo que va a suceder…”[7]
En esta misma tónica se encuentran muchas notas en la prensa de cualquier signo, que se explayan en argumentos sacados del famoso pasquín “protocolos de los sabios de Sion[8]”
Es de hacer notar que también hubo la reacción de destacados personajes que alzaron su voz en contra de esta sarta de mentiras y de fanatismo, como lo fue Rufino Blanco Fombona que sin medias tintas hizo una lúcida defensa en favor de la inmigración judía enviando también el remitido a El Centinela[9].
Como se puede comprobar, aun bien entrado el siglo XX este antisemitismo “autentico” siguió siendo incentivado desde el púlpito, la prensa, la incipiente radio y aún por algunos extranjeros “que dejaron honda huella”.
Con todo lo anterior, cada cierto tiempo y en pequeña proporción siguen llegando judíos, de Israel (Palestina), Rusia, Rumania, Polonia, Marruecos, etc. Las actividades religiosas comunitarias empezaron a hacerse desde 1930, todo se desarrollaba de manera privada y en baja voz buscando no incomodar a los vecinos, a partir de mediado de los 40´ se invitaban a amigos no judíos a actividades festivas como Brit Milá,[10] Bar Mitzvá[11] y matrimonios, todos los cuales asistían gustosamente, esto permitió desmitificar “lo que hacen los judíos”, la gente era especialmente solidaria en acompañar en el fallecimiento de un miembro de la comunidad.
Un hecho que marcó un antes y un después en las relaciones de la sociedad tachirense con la comunidad, fue la celebración llevada a cabo en La Plaza Bolívar con motivo de la rendición de Alemania y el fin de la Segunda Guerra Mundial, hecho ocurrido el 7 de mayo de 1945, el Comité Proconmemoración de la Rendición de Alemania tuvo importantes figuras regionales como: Domingo Vivas, Leonardo Ruiz Pineda, Abdelkader Márquez, Marco Figueroa y Don Martín Schwartz, este último miembro de la “Colonia Israelita” como se le conocía a la comunidad en ese tiempo.
En este multitudinario evento público se derrumbaron muchos paradigmas. Es la primera vez que la comunidad judía participa activamente en un evento público, y también es la primera vez que uno de sus miembros da un discurso, se trató de la señorita Rebeca Rubinsztain quien manifestó la importancia de atesorar la paz alcanzada, y en procurar la igualdad de derechos sin discriminación de ningún tipo. Asimismo, expresó el anhelo milenario de una patria hebrea en el suelo ancestral, cada día más urgente a la vista del martirio sufrido por los correligionarios europeos, en una fotografía que inmortaliza el histórico momento se observa como ondeó por primera vez en el Táchira la bandera que sería tres años más tarde un símbolo oficial del Estado moderno de Israel.
También fue muy vitoreado el discurso pronunciado por el joven abogado comunista Altagracia Ramírez Navas, en el que dejó sentado: “… esta paz debe asignar a cada nación, a cada comunidad grande o pequeña –incluso a la comunidad israelita– todo lo que debe ser suyo por razones de geografía, de raza, de interdependencia, de economía; por razones de equidad”. El Dr. Altagracia sería padre cuatro años más tarde, del tristemente célebre “Chacal”, conocido terrorista internacional que desarrolló acciones en contra de judíos y purga cadena perpetua en Francia.
Ya para cuando la sociedad tachirense conoció el horror del holocausto europeo donde pereció muchísima familia de los que aquí se hallaban, sintieron más empatía y solidaridad. Muchos comunitarios hicieron amistad sincera con sacerdotes, pastores y otros líderes religiosos, políticos y sociales. Se integraron a los diferentes clubes de la ciudad, y empezaron a descollar en varias actividades, sus hijos fueron reconocidos médicos, docentes, abogados, ingenieros, entre muchas otras profesiones liberales, muy pocos continuaron en las áreas del comercio.
En la década de los 60 la comunidad estaba consolidada, las acciones del Juan XXIII “El Papa Bueno” suprimiendo primero las oraciones antisemitas del ritual católico y luego con la declaración Nostra aetate producida por El concilio Vaticano II. Condenando al anti judaísmo cristiano se puso fin a este flagelo, comenzando una era de fraternas relaciones entre católicos y judíos a nivel global.
El pueblo hebreo ha sufrido más de mil persecuciones registradas, lo sucedido en los inicios de la comunidad en El Táchira, aunque a los ojos de la época actual puede resultar ofensivo, dista mucho de ser lo peor, tal vez es por esta razón que “Los Turcos de la Plaza Bolívar” siempre colaboraron para las obras de beneficencia católica, y se encuentran entre los donantes para arreglar templos, para las ferias patronales e incluso todos aportaron su donativo para el busto del primer Obispo de San Cristóbal, quién se destacó por sus importantes obras sociales y educativas, además de su intolerancia en materia religiosa[12].
Finalmente, la constancia, honradez, el trabajo duro, el ahorro y la fe borró todo signo de antisemitismo en nuestra región, aunque muy de vez en cuando salga un individuo fanático que reviva las falacias de los protocolos de los sabios de Sion.
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Este artículo fue publicado originalmente en la revista Digital Táchira Histórica
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[1] Carciente, J. (1992). La comunidad Judía de Venezuela. Síntesis Cronológica (1610-1990) y referencias bibliográficas para su estudio. Crónicas Sefardíes. Biblioteca Popular Sefardí.
[2] Hay que agradecer al Papa Juan XXIII quien suprimió en 1960 la antigua oración Pro pérfidis Judǽis, leída todos los años en la liturgia de los viernes santos, así como la fórmula contra la perfidia judaica en el bautismo de adultos "Horrésce Judáicam perfídiam, réspue Hebráicam superstitiónem"
[3] El concilio Vaticano II en el año 1965 produce la declaración Nostra aetate. condenando al anti judaísmo cristiano. De esta manera se pone fin “oficialmente” a este flagelo, comenzando una era de fraternas relaciones entre jerarcas católicos y judíos.
[4] Los alemanes en El Táchira (1993) BAT
[5] Pequeñas y grandes aventuras de un alemán en Venezuela 1926/1939 (1986)
[6]El Centinela, 04 de marzo de 1939
[7]Edición del 17 de abril del 1939
[8]En 1903 en San Petersburgo se publicaron las actas de un supuesto congreso judío (que nunca existió). En ellas se expresa que hay una red hebrea universal para dominar la cristiandad (La “Santa” Inquisición a la inversa?). Pese a que se demandó en juicio a los antisemitas que los esgrimían y los tribunales dictaminaron que eran documentos falsos, es harto conocido que aún en la actualidad se utilizan estos argumentos ficticios. Como dato colateral es bueno aclarar que demográficamente los judíos representan solo el 1% de la población mundial.
[9]20 de marzo de 1939
[10] acto de circuncisión del niño judío al octavo de nacido. Génesis 17:1, 9-14, 23-27
[11] Ritual donde el niño judío pasa a ser adulto y debe empezar a cumplir los mandamientos religiosos.
[12] Véase, listado de donantes en Vanguardia entre el 16 y 25 de mayo de 1950 publicado por la Junta Pro Monumento a Monseñor Sanmiguel














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