sábado, 31 de octubre de 2026
Chinelas Tachirenses: Un calzado, una historia.
Por: Bernardo Zinguer
En los caminos polvorientos y las calles empedradas del Táchira de antaño, el calzado no solo cumplía una función práctica, sino que también reflejaba el estrato social y las dinámicas culturales de la época. Mientras los más pobres andaban "pata en el suelo", las alpargatas eran el calzado común entre campesinos y obreros. En contraste, las chinelas lujosas y los botines se reservaban para la élite y las ocasiones especiales. En este contexto, las chinelas de buena calidad, pero sin la ornamentación lujosa de las élites, surgieron como un punto intermedio en la escala social del calzado, adaptándose a los presupuestos y necesidades de un amplio sector de la población.
El término chinela tiene raíces hispánicas, documentado desde el siglo XV. Este tipo de calzado se expandió por Hispanoamérica, adoptando variaciones según el contexto cultural y los materiales disponibles. En los Andes venezolanos, las chinelas heredaron un diseño característico: cerradas en la punta, con versiones masculinas que solían tener punteras de cuero robusto y femeninas decoradas con bordados florales o cintas de seda, dependiendo de la calidad.
Con el paso del tiempo, las chinelas evolucionaron para adaptarse a distintas economías y necesidades. En el Táchira, se convirtieron en un calzado común entre las mujeres, confeccionado con dril y suela de cuero sin tacones.
La fabricación de chinelas en el Táchira fue un oficio artesanal transmitido de generación en generación. En los años cincuenta, Luis Felipe Ramón y Rivera e Isabel Aretz documentaron en Folklore tachirense al artesano Pedro Pablo Zambrano (ver imagen) quien se dedicaba a este oficio en La Grita. Según Zambrano, es esa época las chinelas estándar se confeccionaban con dril azul americano debido a la escasez del italiano, considerado de mejor calidad. Estas piezas eran forradas con lienzo proveniente de los telares de Valencia. El proceso incluía cortar las piezas, coserlas a máquina y armarlas sobre hormas de madera utilizando engrudo de almidón de yuca.
Las herramientas empleadas eran igualmente tradicionales: mazos de madera para asentar la suela, bojos para moldear los orillos, leznas para perforar, porritas para compactar el material, además de cuchillos, alicates y pinzas. Cada par de chinelas era una obra que reflejaba la habilidad y paciencia del zapatero.
Aunque su origen estuvo vinculado a clases acomodadas, las chinelas en la región andina se transformaron en un calzado accesible y funcional para todos, que se podían encontrar en la pulpería, tiendas y el mercado.
Hoy en día, las chinelas artesanales han quedado relegadas en la memoria de nuestros nonos; su nombre, se ha desvanecido del léxico cotidiano. Sin embargo, evocamos su recuerdo como un testimonio palpable de una época donde cada detalle del vestir narraba historias de esfuerzo, ingenio y arraigada tradición.
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